No es que yo sea un gran aficionado a la poesía, pero la edición de este año de Cosmopoética ha tenido un par de iniciativas que me han gustado mucho. Una de ellas fue la iluminación del río: la vi sin saber nada volviendo en bici desde el polideportivo de la Fuensanta y me sorprendió, e incluso me asombró un poco: me tomé mi tiempo en llegar a casa.
La otra fue poner poemas en los autobuses, y aun están. Y, bueno, alguno me ha gustado bastante, y siempre se hace entretenido de leer. Me dicen que en Madrid ya se hace algo así desde hace años en el metro, pero si es una imitación tampoco pasa nada: las cosas bien hechas hay que imitarlas.
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